Raúl Páez Corral

Su sobrenombre es “El Toro”, y con este apodo, Raúl Páez Corral se ha convertido en el jugador español que ha obtenido más dinero en ganancias, jugando torneos de poker en vivo.

Raúl Páez estuvo residiendo en EEUU durante un total de cuatro años, dedicado por completo a jugar al poker y ganar dinero. En la actualidad, Páez sigue de viaje a través de Europa y continua participando en torneos exclusivos, aunque la sede de sus operaciones la mantiene en Barberá. Este jugador dispone de un blog propio en Internet (www.raulpaez.es/blog), a través del cual sus seguidores pueden consultar los éxitos de Raúl en los distintos campeonatos en los que toma parte por todo el planeta.

Sus comienzos en el juego, como los de tantos otros, se deben más bien a la casualidad. Raúl Páez trabajaba en el negocio de alimentación familiar cuando en una ocasión, visitando el Casino de Barcelona, le llamó la atención una mesa donde unos hombres jugaban al poker. Tras informarse de que jugaban entre ellos y no contra el casino (algo que, según sus propias palabras, nunca hará) se interesó por la partida.
Actualmente, la profesión de Raúl Páez es también su pasión: el poker. Considerado Campeón de España (con permiso de Mortensen, que a pesar de ser ecuatoriano está nacionalizado en nuestro país), se considera una persona afortunada por poder vivir (y muy bien) de su afición.

Tras su estancia de cuatro años en EEUU, Paéz fijó su residencia en España y actualmente se dedica fundamentalmente al European Poker Tour (EPT), un torneo formado por once eventos en distintas capitales: Barcelona, Londres, Dublín y Monte Carlo, entre otras. Esto le supone un continuo nomadeo entre ciudades, aunque no tan constante como cuando residía en Norteamérica.

Además de participar en torneos internacionales, el jugador español es también un apasionado de las partidas de toda la vida en los Casinos. Su preferido es el Casino de Madrid, que visita habitualmente, donde él mismo dice que se mueve mucho más dinero que en el de Barcelona. La presencia de partidas interesantes y, sobre todo, inexpertos novatos a los que “desplumar” (ocasiones fáciles para “ganarse un dinerito”, en sus propias palabras) son alicientes que el jugador español no desprecia. Aunque quizás parezca desigual una partida entre un campeón y un “pardillo”, como él mismo dice, lo bueno del poker es que cualquiera puede ganar, al tratarse de un juego en el que el azar cuenta, y mucho.

La estrategia es valorada por Páez como algo fundamental, para engañar al adversario y conseguir adivinar si lleva una buena mano. Incluso con una pareja de sietes, este campeón es capaz de “hacer un gol de la nada”, como él mismo comenta equiparándose en su campo a Maradona o Ronaldinho. La observación del contrario es también otro de sus puntos fuertes; conocedor de las señales (“tells”) que emiten el cuerpo y la cara, él mismo reconoce que muchas veces juega cubriendo sus ojos con gafas oscuras, aunque sabe que hay detalles reveladores que pueden desbaratar tu juego en un momento. Un movimiento compulsivo de un brazo, de la boca… Todo un profesional en descubrirlas.

La psicología es también parte de la estrategia de este inteligente jugador. Su forma de analizar a los rivales, de clasificarlos por estilos de juego (él se define como “tranquilo”, a diferencia de los jugadores del norte de Europa, a los que no duda en etiquetar como “agresivos”) es una de sus mejores bazas. Juega sin arriesgar nada hasta analizarlos a fondo, y lograr ver si se están tirando un farol; aunque constata que no es todo entrenamiento, sino que también es necesario poseer un sexto sentido, una especie de don natural para captar todos los detalles.

Otro de los consejos que Páez suele dar a los novatos es que no se olviden de la tópica “cara de poker”. Tanto si se lleva una buena mano como si no, no duda en aconsejar mantener siempre el mismo semblante para desorientar a los rivales.

Según su opinión, el mejor jugador del mundo es Phil Ivey, y considera que su éxito tiene que ver con lo antes mencionado: la capacidad para esconder las emociones y evitar que el contrario adivine su jugada. Le considera todo un “hombre de hielo”, que mantiene el mismo rostro cuando gana cien mil de los grandes, como cuando los pierde. Y dentro de los cracks del poker, el más señalado; al resto, como dice el español, “se les distingue rápidamente, porque en este mundillo se conocen todos”.

Pero hasta el mejor de los campeones tiene un punto débil, y Raúl Páez reconoce que el suyo es el farol, cuya técnica está empeñado en dominar. Con un estilo de juego muy sólido, basado en ganarse el respeto de los contrincantes con los que se pueda enfrentar, el farol no es una de sus armas habituales. Aunque desde luego considera esta baza como todo un arte dentro del poker, la racionalidad de Raúl le permite comprobar cómo se puede convertir un una auténtica adicción, que crea, como él dice, “psicópatas” del farol a los que con el tiempo nadie termina respetando.

Lógicamente, un triunfador en las mesas de poker tiene más virtudes que defectos, y la mejor baza de Raúl es su capacidad de cambiar de juego en un estilo realmente camaleónico. Es capaz de jugar de forma pasiva durante cinco horas seguidas, para de repente llegar a subir todas las apuestas en las siguientes cinco manos consecutivas. Por supuesto, esto tiene un precio: el agotamiento. Una partida de catorce horas, suele decir, es más dura que correr la maratón…